¿Actuar rápido o ser cauteloso ante la pandemia?

Ojalá en unos días ya deje de hablar de la pandemia, pareciera que está y no está. En mis adentros espero que como mexicanos tengamos un ADN especial y comer mucho chile nos ayude a nuestro sistema inmune, que esos tacos de carnitas sean la bomba que bloquea el Coronavirus.

Sin embargo, no lo podemos saber, y no quisiera investigarlo.

Lo que sí hay sobre la mesa, es esta pregunta que hay en el ambiente, ¿qué tan pronto se debió de haber actuado por parte de las autoridades? ¿cuál es la medida que se debió llevar cabo?¿cuál debe ser la correcta?

Shinzo Abe hace unos pocos días declaró el estado de emergencia en todo Japón, ¿fue correcto o incorrecto lo que hizo? En China emitieron señales de alarma tan pronto como pudieron cerrando toda una región hasta el país entero. En Italia se actuó pero no sabemos qué tan pronto o qué tan lento. En México hubo quienes actuaron mucho más rápido que el presidente, hubo unos que actuaron al son de lo que dictó el presidente. El Estado de Nueva York en un absoluto estado de emergencia mientras que el presidente de Estados Unidos ya hizo un programa para apertura paulatina de los comercios.

Lo que funciona no es siempre lo correcto y lo que es correcto no siempre funciona, o al menos eso es lo que dice Ignatieff. La problemática de cómo actuar cuando se es un dirigente, ya sea de un país o de un estado o una región, es saber cómo actuar ante una emergencia, en ésta ocasión ante la pandemia.

La ruta a seguir no es clara, sin embargo Ignatieff nos da al menos una ruta dentro de las democracias. Sin lugar a dudas, el primer gran elemento que se debe llevar a cabo es actuar, y si estamos en un estado de emergencia que pone al grueso de la población en peligro, el momento para actuar más indicado es tan pronto como sea posible, aún y cuando esto pueda dañar o tener efectos colaterales con terceros.

¿Cuál es el mal menor en el que debe incurrir un Gobierno? Esa es la ruta de pensamiento para saber como actuar ante crisis y estados de emergencia inminentes.

Si el mal menor es cerrar escuelas, centros de entretenimiento, conciertos, centros comerciales, cines, y todo aquel punto de encuentro que pueda poner en peligro la salud de los habitantes, entonces se está decidiendo por un mal, el cual es económico, es decir se pone la economía al servicio de la salud de la población. Si por el contrario se elige dejar abierto los centros comerciales, cines, conciertos, y otros eventos que puedan generar un punto de encuentro en la población, entonces en ese momento tal vez se está poniendo como un mal menor la salud de la población.

Estas dos formas de actuar en cuanto al momento más propicio es tal cual una radiografía de cómo y de qué manera se piensa actuar y qué valores se entienden no como bienes sino como males menores.

El ejemplo que podemos poner es el siguiente, se tiene el concierto de la Ciudad de México, se elige seguir para adelante con dicho concierto, y se toma la consideración por la derrama económica, entonces el mal menor que se tiene entendido es la salud de las personas, y por tanto la vida de las personas que acudan al evento.

Segunda forma de actuar, se elige cerrar escuelas y demás eventos masivos en Jalisco, haciéndose una semana antes de lo previsto ante el sentido de alarma, aquí el mal menor que se tiene entendido es la economía de principalmente los empresarios, estando por encima la salud de la población.

Ante estas dos situaciones, ambas están ocasionando un mal, pero ese mal es valorado como un mal menor de manera diferente. Para lo cual, ambos gobiernos deben de estar conscientes de que han ocasionado un mal, uno económico y tal vez tendría o no que responder por ello, y otro un mal en contra de la salud y vida de las personas, que también debería de responder por ello. Después, en uno y otro caso se eligió actuar o no actuar, sin embargo se debe demostrar que existía un acto de necesidad para actuar o no actuar, si hay estado de necesidad se debe demostrar, si no había estado de necesidad también se debe demostrar.

La última consideración ante la forma de actuar de estos dos ejemplos es que tanto la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México y el Gobernador del Estado de Jalisco, tendrías que justificar sus acciones de manera pública ante sus conciudadanos, quienes serán los que decidirán si fue correcto o no la manera de actuar. Pero esto es después que haya ocurrido el evento de necesidad.

La forma de actuar de cada uno de los gobiernos son formas de actuar diferentes, aquí la valoración que hago es diferente, no se trata de buscar cuál es el bien tutelado que cada uno buscaba proteger por encima del otro, en cambio era considerar cuál era el mal menor al que estaban dispuestos ocasionar, y para lo cual debería de haber al menos una explicación.

La explicación, la justificación y la aceptación de si se actuó mal o bien solo el tiempo lo dirá y la opinión pública lo premiará o castigará.

La pregunta que queda un poco en el aire ante la pandemia, ¿que es mejor ante un estado de emergencia?, que la toma de decisiones lleven a una falta de resolución y una parálisis, misma que puede generar más daño que la propia actuación; o por el contrario, actuar tan pronto como sea posible, lo que puede resultar en la alteración del orden y un descrédito momentáneo de quien gobierna.

El futuro nos dirá quién tuvo razón ante un tema sumamente difícil para un gobernante.

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