Una danzante en libertad

Querida Abue Nena,

Hoy me dieron el privilegio de dedicarte unas palabras.

Te las dedico con todo el cariño y todo el corazón.

Hablaré de ti, desde mi experiencia que tengo como tu nieto, lo que yo viví; el ver como a través de los años siempre contamos contigo para todo. La abue Nena, mamá Nena, la abu, doña Nena. Eres ese ser mitológico de la idiosincrasia Aguilar García, a quien todo mundo iba a buscar cobijo.

Ayer te describí como un gran Roble, pero no sería hacerte justicia, los Robles quedan anclados en la tierra, y tú, desde hace muchos años, bailas siempre entre dos mundos, el nuestro el de los humanos, lo terreno, lo fangoso, lo más humano, y el otro, el de lo divino, lo inexplicable, lo milagroso, lo místico y lo silencioso.

Afrontar tu muerte, para muchos es una gran pérdida, porque nuestros sentidos dejarán de disfrutarte como lo hacemos de manera normal, y nos tenemos que acercar más y más a ese mundo inexplicable y milagroso, en el que tú constantemente ibas y venías.

Comprendiste con esa magia muy tuya, que viene de no se dónde, que las palabras son insuficientes para describir lo que hay, lo que es, y que de repente sin más, te ponías a cantar. En tu canto, comprendiste más allá lo que es la realidad, en tu canto encontraste a Dios, te encontraste a ti, ahí, en tu canto te encontrabas en tu estado de más puro ser.

Nosotros que estamos aquí, en lo que llamamos nuestra realidad, tu muerte no guarda sentido, como tampoco guarda mucho sentido el que estemos vivos, o lo que nosotros consideramos ser vivos. El gran misterio de la muerte como de la vida, nos superan, no podemos hacer más que levantarnos temprano y seguir contándonos nuestras propias historias, sin poder ni querer explicarnos qué hacemos aquí, ni tampoco sabemos para donde vamos, si es que vamos a algún lado.

Ese misterio que para nosotros es aterrador, lo tenías tú, querida abue Nena, ya muy bien resuelto, la ilusión de ser nosotros mismos, ser tu yo misma, lo dejaste de lado, te fuiste directo a ser junto con los demás, a ser con tus hijas e hijos, con tus nietas y nietos, con tus bisnietas y bisnietos, y todo aquel que se dejará rodear de tu ser, encontraste que el mundo es muy difícil de expresar en palabras, y estuviste siempre con nosotros, sin necesidad de palabras, tu presencia ya con ello bastaba siempre.

Tu encuentro con la vida y con la muerte para ti fue muy sencillo, lleno de misticismo, ese cuidado en lo que hacías, tus tejidos, tus bordados, tus plantas, sus brotes que a cada rato generaban nuevas plantas, brotes, y más brotes, encontrabas esa mística de la alegría de vivir, abundancia plena, en ese silencio tuyo y en ese cantar tuyo.

Pero, hoy estoy triste porque mis sentidos ya no te pueden disfrutar, de esa manera como estaban acostumbrados a disfrutarte. Ahora, tú estas disfrutando la pura libertad, sigue bailando y danzando como el trompo chillador que eras, que ya tu cuerpo desgastado, que dio todo de sí, no pudo seguirte ya el ritmo. Nos toca a nosotros buscarte en esa libertad.

Me niego a pensar que no estas ya, hoy creo firmemente que estas aquí, estas entre y con nosotros de una manera mucho más plena y más dichosa, estas en el canto de las aves, en el vaivén de los árboles que danzan con el aire, en el viento que sopla, en el agua de la lluvia, en las cascadas, en nuestras sonrisas, y también en nuestras lágrimas, estas como siempre estuviste con nosotros.

Te mando siempre un beso y un abrazo muy apretado.

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